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Repitiendo que te tengo, y no.
Comencé por convocar en la noche roja y noctámbula a los maestros literarios para definir en horas ciertas de clara incertidumbre, cómo escribir poemas de amor que permitan olvidarte. O mejor dicho, que cada autor pueda descargar a su musa en papel y luego guardarla en un cajón.
La reunión con carácter de urgencia comenzó con cantos de Neruda quien insistía que la mejor forma de lograrlo era recitar Farewell mil y una vez, pero comenzó a recitarlo y sus ojos se llenaron de sombras ausentes y húmedos manantiales.
Benedetti sacó el pañuelo y fue enfático en decir que no, que no se puede, no lo intenten. Será un fracaso. ¡Ay, Lusa!
Y mientras dibujábamos un pentagrama ideológico de mil maneras de olvidarte al escribirte, tus ojos se posaron sobre la frente de Benedetti y no tuve más remedio que mirarlos. Don Mario me miró con su cara de siempre, de feliz tristeza. Te lo dije, no lo intentes, yo no pude con Lusa.
Machado y Borges se miraban sin cruzar palabra pero ambos parecieron recordarte porque una sombra recorría sus rostros, desangrándolos.
Un holograma tuyo insistía en dibujarse en mi mente, tus manos arañaban mi memoria y la amenaza de encarnarte de la nada gemía feroz. Yo pretendía escuchar las metáforas de Darío que manifestaban como transformar los besos en nubes para que se desvanezcan y sean arrastrados por el viento. Pero el viento olía a ti y las nubes comenzaron el aguacero de besos grabados en la sien.
La noche terminó con los ojos abiertos, desnuda y sincera. Con el silencio que da la ausencia. Con cientos de poetas convocados para declarar la impotencia de olvidarte.
Con un niño triste, como yo, diciéndote adiós
repitiendo que te tengo, y no.


Comentarios
y sin buscarte
regresas a mi orilla, hacia mis manos
porque te amo y no
y entonces partes,
cuando mas te necesito yo a mi lado
porque te espero y no
y nunca tornas,
ni retornas nunca sobre tus propios pasos
porque te odio y no
y así me canso
de estar y ya no estar sin verte nunca
porque te importo y no
y así es el juego
cuando me vas
perdí perdiendo me persigues
porque me muero y no
y hoy esta el cielo
como mis ojos, apunto de llorar de tristes
y estas y no estas
y cuando esto sucede y no
existo y no existo
y quiero existir, pero no quiero...
Como anillo al dedo mi amigo.
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