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Sanatorio Durán - Parasitar y administrar no son sinónimos
Ya sea por escaso contenido en la billetera, por motivos religiosos o de tiempo, somos muchos los que durante la Semana Santa no fuimos a vacacionar a algún lado sino que nos quedamos en casa para descansar y aprovechar un tiempo con la familia. Y los creyentes con Dios.
Ya que el tiempo abundaba, y la necesidad de esparcimiento es grande, miles de costarricenses salimos el sábado a pasear. En mi caso fui a visitar el Volcán Irazú y el Sanatorio Durán.
El Parque Nacional está muy bien administrado. Sería conveniente únicamente mejorar el sistema de cobro a la entrada para evitar tumultos.
La decepción del día, y el tema de esta nota, fue la visita al antiguo Sanatorio Durán. El sanatorio fue construido en 1910 con el fin de aislar y sanar a las personas víctimas de la tuberculosis. Era comparable con sanatorios europeos. Años después, erradicada esta enfermedad, se utilizó como cárcel hasta que la actividad del volcán Irazú obligó una evacuación del mismo. El lugar es una joya arquitectónica e histórica.
A nuestra entrada la sorpresa fue una jovencita que nos informó que el costo de la entrada era de mil colones por persona (la verdad barato), niños menores de nueve no pagan. Estupendo. La factura supongo que me la darán un día de estos o bien el boleto de entrada. El que cobren no es problema, el problema es ¿para qué cobran?
Si bien es cierto se paga por entrar a unas ruinas, el concepto de lugar histórico no es el mismo que de lugar abandonado o víctima de vandalismo. Es tétrico, más que la leyenda de fantasmas, la cantidad de grafitis, los olores de salas que los visitantes usan como baños, los pisos movedizos, la destrucción total del sitio. El lugar es incluso inseguro.
No miento al decir que ese día podía haber por lo menos unos mil visitantes ahí, creo que me quedo muy corto. A mi salida me informaron que es UPA Nacional la entidad que administra el lugar.
No es lo mismo parasitar que administrar. Cobrar una entrada es muy fácil; me parecería justo si dieran el mantenimiento necesario y el cuidado que requiere la edificación.
El Sanatorio está urgido de atención médica, está en coma. Mientras caminábamos con nuestros niños era triste ver que un lugar histórico se usa de basurero, de lugar para que jóvenes y viejos se aparquen con sus six packs a beber cerveza dentro del recinto y dejar sus latas tiradas por todos lados. Los grafitis abundan, y no son de antiguos prisioneros, son de vándalos actuales. Alrededor de las edificaciones de madera abundan rastros de fogatas encendidas en las noches junto a los edificios antiguos de construcción de madera. Ni qué decir de los jóvenes sentados en una sala fumando, entiéndase bien, una sala del sanatorio, histórica, de madera.
Los rótulos que deberían explicar un poco de la historia del sanatorio no están, los encargados del mismo sólo cobran entradas, no hay nadie velando porque no se destruya el lugar, que no se salte sobre las tablas flojas como juego divertido a ver si me aguantan. Todo esto es vergonzoso.
Para UPA Nacional ha sido fácil tomar el sitio y parasitar, ponen una familia a vivir en el lugar, tipo guardas, cada seis meses una televisora viene a hablar sobre los fantasmas que aparecen y el marketing es increíble, a las televisoras les funciona, a UPA también, pero a mi criterio el único fantasma que pude observar fue el abandono.
UPA no administra el sanatorio, una vez pagado el costo cualquiera hace lo que le venga en gana ahí. UPA Nacional tiene un peaje montado en la entrada, basta.
El término administrar encierra un compromiso muy grande, demasiado. UPA Nacional no lo cumple, ¿en manos de quién está nuestro patrimonio?
El nombre Carlos Durán es muy grande, un gran doctor y visionario, presidente temporal de La República, fundador del sanatorio. Su nombre merece más que lo que le estamos dando.
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