Literatura

 

Costa Rica, lo feliz no quita lo valiente

 

¡Marimba!Hace tiempo mi pluma calla debido al trabajo que me consume en exceso, sin embargo los hechos recientes me mueven a desempolvar las letras.

Ante los hechos de impuestos no declarados u omisiones por parte del hasta hace poco ministro de hacienda, doña Laura Chinchilla ha tachado a los críticos de cínicos y cree que la crítica es un reflejo fiel del cinismo en todo aquel que no le aplaude cada una de sus gracias. Concretamente, doña Laura está en la ONU declarando que Costa Rica es el país más feliz del mundo según varios estudios y que con base a ello debemos atraer más turismo e inversión.

Por supuesto que estos discursos dan al traste con los hechos que ocurren poco más al sur de la ONU donde los diarios nos quitan el buen sabor del café matutino y la alistada de chiverre con noticias que nos duelen profundamente. Nos sentimos engañados y defraudados.

En el blog de don Roberto Gallardo, ministro de planificación, se pretende ningunear a los críticos y de nuevo don Roberto recurre a la división de las masas entre los del sí, que según él han sido los constructores de la patria; y los de no, o noistas, que somos los detractores y traidores de la patria. Es curioso pero hasta hace poco en el gobierno decían que el que no paga impuestos era traidor a la patria.

Me duele ver la falta de coherencia de nuestros líderes pues al escándalo de Herrero que debe abandonar Hacienda por evasiones fuertes de impuestos se agrega ahora el director de tributación, Francisco Villalobos, quien desde el 2008 debía la suma de un millón ochocientos mil colones a hacienda, dinero que ganó siendo asesor fiscal.

Es grave, muy grave, que el gobierno haya centrado la mayor parte de sus esfuerzos y discursos en un proyecto fiscal absolutamente impopular donde tendremos muchos nuevos gravámenes y que los principales promotores de ese discurso hayan usado el argumento de que se debe buscar herramientas para evitar la evasión, de que la plata no alcanza, de que así no podemos seguir, cuando ellos mismos eran evasores. Esto es muy grave, pero más grave aún es la pésima lectura social que está haciendo el gobierno de pensar que los críticos somos cínicos. Es el cinismo de la esfera política, precisamente, el que nos impulsa a alzar la voz. Yo esperaría que nuestros líderes, si al menos no probos, fuesen asertivos y supieran entender el por qué alzamos la voz.

Los que manejan redes sociales a nivel comercial saben que el bombardeo de críticas puede convertirse en una herramienta para mejorar la imagen si se hace de forma astuta, pero negar los hechos o pretender hacerlos ver como poca cosa no es para nada inteligente.

Este gobierno ha centrado su esencia en el plan fiscal, el pueblo no ha apoyado esto y hoy, los escuderos gubernamentales caen como aparentes defraudadores del fisco. Creo que tenemos derecho a alzar la voz. El pueblo tiene derecho al disgusto y el reclamo, el pueblo tiene el derecho a la crítica. Más allá de eso, el líder tiene la obligación de saber leer el momento histórico, y usted doña Laura, al tratar de evadir el tema, nos ha fallado como líder.

Y sí, somos felices. Costa Rica es uno de los pueblos más felices. Lo somos porque hace muchos años abolimos el ejército y nos permite invertir más en educación y salud, lo somos porque este es un país lleno de esperanza y naturaleza, porque nuestros jóvenes son, pese a todo, una gran esperanza. Somos felices porque vivimos en democracia y podemos expresar nuestras ideas. Somos felices porque a pesar de la esfera política gobernante, creemos que podemos hacerlo mejor en un futuro. Somos felices porque pese a que nuestra presidente no sepa leer el fuerte disgusto que tenemos y solo nos quiere escuchar el aplauso y no el reclamo, estamos seguros de que ningún gobierno dura para siempre. Somos felices porque sabemos que en medio de la algarabía siempre existen valientes costarricenses que no se esconden en el conformismo y que tienen el ojo abierto a la crítica y a la denuncia. Somos felices porque creemos en una nueva clase política que crece y escucha esa crítica y esperamos que algún día llegue al poder. Somos felices porque sabemos que el peor no es el crítico, sino el crítico del crítico. Somos felices porque comprendemos que pese a que a algunos, lo feliz les quite lo gallardo, a la mayoría de los costarricenses, lo feliz no nos quita lo valientes.


Fotografía cortesía de AmartetoCR