Fuera del Ministerio, ¿quién es María Luisa Ávila? Una mujer común y corriente, que ama la vida y la disfruta enormemente, que 4 años después se sigue sintiendo más médica de pueblo (por la cercanía con la gente y sus problemas), que política. Buena cocinera, buena conversadora. Disfruto del campo, de la montaña, más que de la playa, un buen libro y una buena copa de vino es un momento que disfruto. Sociable, me encanta recibir gente en la casa y compartir con familia y amigos, me considero basicamente una buena persona.
A propósito de la proximidad de las primeras fecha patrias del año, llena de entusiasmo por las celebraciones venideras, me propongo ser una heroína más de la patria. ¿Pero cómo podría yo erigirme como un personaje de semejante envergadura?
Por empezar, teniendo claridad de que un héroe o heroína es aquella persona que realiza hazañas extraordinarias y beneficiosas para los demás. ¡Vaya trabajo tengo por delante!. Además, que entre las hazañas más famosas está salvar a gente de una muerte segura.
¿Salvar a la gente de una muerte segura?. ¿Pero bajo cuáles circunstancias puedo identificar una "muerte segura"?
¿Se imaginaría el Papa Juan Pablo II, uno de los líderes católicos más queridos, que aquello por lo que luchó por tantos años está hoy envuelto en uno de los escándalos más graves y vergonzosos por los que ha pasado la Iglesia Católica? Sí, esa misma iglesia en la que fuimos bautizados la mayoría de nosotros, sin pedir consentimiento, y que poco a poco va perdiendo seguidores que ya no ven esta religión con el mismo respeto y fe de antes.
Como si no fuera ya doloroso verla luego de una cantidad de meses en los que el curso de la vida se había transformado inevitablemente, esperar verla con bata verde, se hacía especialmente incómodo. Estaba totalmente desconcertado y con ese sabor a incertidumbre en la boca, la insistencia de Doña Irene fue determinante. La señora había continuado la incansable labor de su hija de mortificarme de forma rutinaria semana tras semana. Sin embargo su tono más piadoso que la forma acusante de su hija terminó por convencerme, sin la total seguridad de saber si hacía un bien mayor a todos los daños que recíproca y estúpidamente nos habíamos causado.