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¿Por qué cantamos?
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Me duele tanto verte sin que esté tu imagen.
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Hablar de Ricardo Martin es hablar de contradicciones, de encuentros insospechados pero jubilosos, de la gloria y las llamas en una orgía perpetua.
Hablar del maestro requiere ciencia y certeza mental, no la poseo hoy, no poseo el don de su oscura lucidez, pero sí poseo el encanto que me dejaron sus palabras. Hablar de Ricardo Martin es pues, hablar de hipálages...
Y es que es difícil hablar de un Santo agnóstico, de un erudito humilde y una voz clara y concisa. Don Ricardo nos regaló su eterna honestidad, no siempre esperada, pero siempre bien condimentada con esa sabia sazón que él sabía ponerle a las cosas.
Tenía el cariño tico en la mirada y la agudeza argentina en las palabras, tenía esa sinceridad filosa acompañada de una jovialidad maravillosa. Era en síntesis un alquimista de la palabra, un alquimista de la personalidad.
Hoy releo correos y retos que me mandó mil veces, algunos duros y fuertes, y siempre bien agradecidos. Amar a la palabra era amar a Ricardo Martin, y a sus palabras.
Este sitio lo inicié ya hace muchísimos meses, no sin los regaños de don Ricardo, hace ya mucho que decidí disimular mi temor a publicar mediante este sitio encubierto de revista con un reluciente foro donde esperaba que la publicación de muchos me ayudara a diluirme entre las masas, las masas no llegaron. Eso era lo que don Ricardo no quería, que me diluyera y escondiese.
Ya no, hoy es el tiempo de hacerle caso al maestro quien ante un escrito que le envíe una vez me dijo:
“Es excelente. (...) Como ya le dije en otras oportunidades, usted está para cosas mayores.”
Luego ante mi reticencia neuronal para escribir me comentó sabiamente:
“Marco: deje de torturarse con su falta de neuronas, con las tareas "insípidas" etc. Ya le dije que usted tiene muchísimo talento y no voy a decírselo cada vez que usted me sale con un tango de ésos. Saludos.”
No sé puede más que amar a un maestro capaz del elogio y el regaño cuando es necesario, no se puede más que honrarlo.
¿La Editorial?, bien, ¿y usted?, ¿el dinero para publicar?, y ¿cómo harás? A ciencia cierta no sé, de momento solo tengo sueños hipalagosos, frases concatenadas, visiones anafóricas y adagios para una tumba amada.
Publicaré en este sitio y la editorial que llegue luego, y si no llega ¿qué se le va a hacer? Hoy por hoy seguir escribiendo y atreviéndome es una manera de honrar al maestro. No es narcisismo, me falta mucho por aprender pero más aún que entregar, esa es la lección que aprendí.
Seguir cantando es la mejor manera de evocar a su espíritu y yo no dejaré de hacerlo.


