| |
¿Y si nos damos un tiempo?
-¿Y si nos damos un tiempo?-
La pregunta quedó flotando en el aire junto al perfume de ella, el mismo que hacía algún tiempo atrás le había regalado.
Los ojos de ella parecían no entender la pregunta recién lanzada como una granada de mano e intentó articular una frase, pero se la tuvo que tragar con el resto de la saliva que le hacía el nudo en la garganta.
Gente que camina
Vos te sentás
frente a la gente que camina
te invertís
y solo tenés certeza
de la longitud de las aceras.
Desamores de oficina
Yo debería enamorarme de vos. Lo dijo de una vez y sin pensarlo, dejó la boca entreabierta para llenar la oficina de su incienso y con la mirada fija en mi, con las pestañas apuntando a la gloria de las nubes de gypsum y al sol fluoroscente de la oficina.
Acababa de leer mi blog y luego de ver el último poema soltó la frase sin pensarlo, volvió la mirada al monitor y siguió trabajando, yo quedé mirando el ángulo desde donde hacía solo unos segundos sus ojos me miraban. Yo debería enamorarme de vos, me dijo. Y yo me preguntaba si sabía que el poema era para ella, claro que tenía que saberlo. No me dio tiempo de responderle, Manuel entró en la oficina pisoteando la alfombra y también mi poema, la miró con ese beso ocular que se dan los amantes de oficina cuando los demás miran. De nuevo dejó la boca entreabierta llenando todo con el aroma de su aliento, pero esta vez el aroma no era para mí.
Allá por el aromal
Hace ya varios años cuando cursaba la carrera de turismo, me tocó hacer algunas giras de estudio por todo el país; una de ellas fue al parque nacional Santa Rosa en Guanacaste, en donde tuve mi primer encuentro científico con la belleza del bosque tropical seco, uno de los pocos remanentes que quedan en el mundo. Entre los elementos propios de este ecosistema, me encontré unos arbustos muy llamativos llenos de espinas, de la familia de las acacias, llamados cornizuelos, curiosamente rodeados por una comunidad de hormigas que -según explicaba el profesor- cumplían una maravillosa simbiosis con estos arbustos: las hormigas protegían a la planta y ésta además de dar alimento a las colonias les prestaba sus espinas huecas para que habitaran en ellas, como su hogar.
Un sueño
Josef K. soñó:
Era un día hermoso, y K. quiso salir a pasear Pero apenas dió dos pasos, llegó al cementerio. Vió numerosos e intrincados senderos, muy numerosos y nada prácticos; K. flotaba sobre uno de esos senderos como sobre un torrente , en un inconmovible deslizamiento. su mirada advirtió desde lejos el montículo de una tumba recién cubierta, y quiso detenerse a su lado. Ese montículo ejercía sobre él casi una fascinación, y le parecía que nunca podría acercarse demasiado rápidamente. De pronto, sin embargo, la tumba casi desaparecía de la vista, oculta por estandartes que flameaban y entrechocaban con fuerza; no se veía a los portadores de los estandartes, pero era como si allí reinara un gran júbilo

