No le tema al Aquelarre

Imprimir
Categoría: Reportajes
Publicado el Jueves, 05 Mayo 2011 Escrito por Marco Cañizales
AquelarreEl pasado 28 de abril corrieron los embrujos en el Centro Cultural Norteamericano donde seis brujas conjuraron su nuevo libro: Aquelarre.

El libro consta de nueve cuentos y seis mujeres cuentistas que, efectivamente, nos conjuran con sus letras y nos hacen querer leerlas más y más.

Las muy temidas, pero nada feas, brujas son: Jessica Clark, Marcela Mora, Evelyn Ugalde, Mariana Castillo, Marìa Luz Ruiz (DIMIDI) y Ericka Lippi, además en el conjuro participa la ilustradora Yoji Mora.

 

Este libro es la segunda entrega de la Editorial Club de Libros y en esta ocasión reúne a estas talentosas escritoras bajo este título. Algunas más expertas, otras no tanto, pero todas con un gran potencial y un arrojo increíble para narrarnos desde historias verdaderas de terror hasta las historias y leyendas típicas o urbanas con una perspectiva bastante novedosa y atrevida.

Puede adquirir su embrujo en la Librería Univesitaria de la UCR o también visitando la página de Club de Libros o bien en la Página madecostarica.com

Les dejamos un hechizo bastante peculiar y poderoso escrito por la bruja Marcela Mora.


Tejidos

Sus tejidos parecían seda. Los colores que utilizaba jugaban entre los blancos y grises con algunas chispas de negro de vez en cuando. Todos los sentidos se excitaban al usar las prendas que delicadamente elaboraba.

Ver aquellos hilos de plata hipnotizaba a tal punto, que no importaba el precio: había que comprar la prenda. Cuando sus abrigos tocaban la piel, una extraña sensación de delicia erizaba todo el cuerpo, y el cuero cabelludo parecía desprenderse y volver a caer suavemente sobre la cabeza. Y el olor... era extraño porque no era del todo agradable, pero una vez que olías la prenda, no la podías dejar ir: querías tenerla cerca siempre; era un olor más allá del entendimiento, como una mezcla perfecta de muchos aromas, como a flores, hierbas y esas mezclas químicas de laboratorio que a todos, aunque no lo admitamos, nos gusta al menos un poquito. Estoy segura de que si alguien alguna vez llegó a comerse esos hilos de plata, le deben haber sabido a gloria. Y por último, el oído... era extraño, pero si ponías mucha atención, la tela parecía emitir ruidos casi imperceptibles como de voces que arrullaban... y eso era lo más fantástico. Los abrigos tejidos por ella eran lo mejor que había para arrullar a los niños: desde los recién nacidos hasta los más grandes, caían profundamente dormidos cuando les ponían la prenda.

Ya estaba anciana, pero los pedidos no dejaban de llegar, y ella seguía tejiendo. Según decía, para eso había nacido. Todos temíamos que un día nos dejara y ya no tejiera más. Y sucedió... un día la muerte llegó, y ya no pudo seguir tejiendo... exactamente el mismo día que los muertos de mi barrio dejaron de perder su cabellera.

 

Escribir un comentario

Se ruega mantener un tono cordial y respetuoso para los comentarios. Los comentarios ofensivos serán eliminados.


Código de seguridad
Refescar

© RepertorioAmericano.org
Todos los derechos reservados

Sitio Web Administrado por
3mun2

Copyright 2011 No le tema al Aquelarre. Designer Joomla templates powered by best poker sites. All Rights Reserved.