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¿Y si nos damos un tiempo?
-¿Y si nos damos un tiempo?-
La pregunta quedó flotando en el aire junto al perfume de ella, el mismo que hacía algún tiempo atrás le había regalado.
Los ojos de ella parecían no entender la pregunta recién lanzada como una granada de mano e intentó articular una frase, pero se la tuvo que tragar con el resto de la saliva que le hacía el nudo en la garganta.
Un último encargo
El cigarrillo rubio se consume en el cenicero. La mirada también, perdida en el escenario donde el pianista toca una canción perdida. Su dueño jamás la encontraría allí. La luz no merece ese nombre y el humo podría ser teñido para hacer cortinas. De castillo. De telón. Está seguro que alguien está llorando en algún rincón. Es un buen sitio para esconderse. Quizás por eso le gusta tanto. La persona más cercana está a menos de dos metros de distancia y a mil pensamientos de sus brazos.
Músicos (Extracto de la novela Gog)
Gog es la novela más emblemática del escritor Giovanni Papini. El autor, nos lleva a un asilo mental donde él personalmente conoce a Gog y lo describe como un hombre horrible pero sumamente interesante.
En Gog el antagonismo entre un hombre brillante y un salvaje es evidente, Gog tiene los mejores y los peores rastros de la humanidad en sí. Gog le entrega a Papini manuscritos, Papini no tiene tiempo de devolvérselos porque Gog huye hacía otro hospital lejano, lo cual ya es costumbre en él. Luego de años de pensar que hacer y leer las memorias de Gog, Papini decide publicarlas eliminando algunas demasiado repugnantes, nos dice que leeremos cosas admirables y otras verdaderamente sádicas que él personalmente repudia pero que considera debe publicar para que todos aprendamos incluso de la desgracia de Gog.
Músicos es uno de sus primeros capítulos, realmente imaginativo y creativo, logra transportarnos a un escenario maravilloso y real.
MÚSICOS
New Parthenon, 26 abril
Cuando se supo que yo era protector de las artes vino a ofrecérseme un músico macedonio.
Tenía una cara triangular coronada por un gran mechón de cabellos rubios. De altísima estatura, su capa de color ortiga apenas le llegaba a las rodillas.
Tres meses de Arsenio
Tenía la radiografía de su cráneo en la mano, una mancha negra lo miraba de frente y asesinaba el cliché, "ser o no ser", ya no era un dilema; la pregunta urgente era cuando dejar de ser.
Le quedan tres meses, don Arsenio, tres meses. Le recomiendo retirarse a su casa y procurar pasar tiempo con ellos, su familia, a ellos también les costará hacerse a la idea. La verdad ya no recomiendo ningún tratamiento don Arsenio, no vale la pena, lo maltrataríamos mucho y sin resultado alguno. Estos casos siempre...
El galeno seguía hablando y los tres meses se desgastaban en segundos de charlas terapéuticas sobre aceptación de la muerte. Los médicos habían descubierto también como asesinar a la incertidumbre, saber el tiempo exacto de vida no era una ganga. Repartir abrazos y te quieros antes de la fecha de expiración no le parecía una misericordia tal como se lo planteaba el médico.
Estado de cuenta
La tarjeta me negó delante del chino, juró no conocerme. El chino me miró con mirada china y acusadora mientras con la mano derecha acercaba el paquete de cigarros hacia su lado y lo alejaba de mí. Hacía un mes que no fumaba y deseaba ese paquete más que nada, pero la tarjeta negó conocerme, dijo um um, apareció una leyenda de retener en la máquina y el chino retuvo también la tarjeta, como si ella pidiese auxilio de mí, su vil secuestrador, su violador y sadomizador. La tarjeta gritaba que me desconocía y que la pusieran a salvo, yo tenía el paquete de cigarros muy lejos, o cerca, pero alejado por las rejas de dedos largos y blancos del chino, con sus ojos rasgados gritándome, no silve, vaya fuela. Yo con mis ojos redondos gritándole, andáte a comer mierda, siempre te compro y me vas a negar los cigarros. Los ojos rasgados se cerraron más, como el crédito de la tarjeta, y me dijeron, vaya fuela, no silve taljeta. Le menté la madre con mis ojos bien redondeados y salí escupiendo rabia y ansiedad. La nicotina que quedaba en mí tras un mes se sentía derrotada y aniquilada.

