Desamores de oficina

Imprimir
Categoría: Narrativa
Publicado el Lunes, 12 Abril 2010 Escrito por Marco Cañizales

Desamores de oficinaYo debería enamorarme de vos. Lo dijo de una vez y sin pensarlo, dejó la boca entreabierta para llenar la oficina de su incienso y con la mirada fija en mi, con las pestañas apuntando a la gloria de las nubes de gypsum y al sol fluoroscente de la oficina.

Acababa de leer mi blog y luego de ver el último poema soltó la frase sin pensarlo, volvió la mirada al monitor y siguió trabajando, yo quedé mirando el ángulo desde donde hacía solo unos segundos sus ojos me miraban. Yo debería enamorarme de vos, me dijo. Y yo me preguntaba si sabía que el poema era para ella, claro que tenía que saberlo. No me dio tiempo de responderle, Manuel entró en la oficina pisoteando la alfombra y también mi poema, la miró con ese beso ocular que se dan los amantes de oficina cuando los demás miran. De nuevo dejó la boca entreabierta llenando todo con el aroma de su aliento, pero esta vez el aroma no era para mí.

Cerré los ojos con la ansiedad de no mirar más sus besos oculares, para no ver las risitas cómplices. Me concentré en el reporte de Acevedo, tan necio con esas ganas de llevar un proyecto fracasado al éxito, pero era un buen proyecto, una buena intención, las buenas intenciones en esta oficina nacen sietemesinas y maltrechas, con pocas posibilidades de triunfar en la vida, con pulmones angostos que no les dejan ganar el aire a las otras ideas, las malas, las de los jefes, las que luego tenemos que rescatar de su torpeza, las que cuando triunfan son de los jefes y cuando fracasan nos las ponen encima como elefantes que nosotros dimos a luz.

Mi amor por ella era una buena intención, tal vez por eso no prosperaba y saltaba del Word en mi monitor al blog mal entildado en el monitor de ella. ¿Sabrá de verdad que me gusta? Ya superé mi miedo a decírselo, he llegado al valor absoluto del silencio, del mirarla besarse con Manuel a la salida, llegando ya al café teatro. Manuel también lo sabía, tal vez por eso aún me duele la rodilla del último partido contabilidad versus ventas. Fue un azar deportivo dijimos, pero él y yo sabíamos que no. Al menos yo gané esa partida. Tres a dos ganamos, los tres goles míos, por ventas y un gol de él por contabilidad, yo conservé el triunfo y él la boca de ella que humedece todo con su aroma,. Salí perdiendo con marcador a favor tres a dos.

Ya era el medio día y decidí dejarlos tranquilos dándose sus besos oculares, o de otro tipo, me monté al ascensor con la esperanza de un alivio, de un no mirarlos más. Me recosté al espejo del ascensor e inhale con total claridad el aroma de la boca de ella, cerré los ojos y traté de pensar en otra cosa, los abrí y me concentré en las lucecitas que marcaban el descenso tres, dos uno. La puerta se abrió, calenté mi comida, me senté. Sonia se sentó a mi lado como siempre, me miraba con esa mirada maravillosa que me daba siempre que yo estaba triste, o que me daba siempre y yo solo notaba cuando me sentía triste. ¿Cómo vas? - Bien, ¿vos? - La pasé genial el fin de semana, me fui con mis hermanos a Jacó, pasamos por la feria del maíz y te traje chorreadas, apenas las vi me acordé de vos. Y me miraba con los mismos ojos que yo miraba la chorreada, y ponía esos ojos apasionados pero también maternales, como me joden esos ojos maternales. Si no fuera por esos ojos. Me contaba todo de la playa y el mar, de lo que comió, del mosco que la picó ; insistía en tocarme la mano cada tres frases. De cuando en vez, su pie me rozaba bajo la mesa de forma casi diríamos accidental, lo sería de no ser acompañado por una miradita cómplice a cada toque. Y yo la miraba con cariño y la distancia que da ese cariño de a quien no se quiere, cerré mis labios y con la fuerza de mi silencio le dije: yo debería enamorarme de vos.


© RepertorioAmericano.org
Todos los derechos reservados

Sitio Web Administrado por
3mun2

Copyright 2011 Desamores de oficina. Designer Joomla templates powered by best poker sites. All Rights Reserved.