Arte corporal

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Categoría: Narrativa
Publicado el Viernes, 05 Junio 2009 Escrito por Amorexia
Autor: Amorexia
 
Tras un fuerte empujón, los investigadores lograron entrar al apartamento, afuera quedaron los curiosos en sus batas de dormir y con los ojos despabilados por el morbo. 
Adentro en medio de la sala, sobre una alfombra, rodeada de velas e incienso, la víctima, impecable aguardaba sin conciencia su descubrimiento.

Mujer Planta de Oscar Perez Sus cabellos aún aplanchados describían leves y delicadas curvas hasta sus pechos, y luego empezaba el horror maestro justo en su cara, una lágrima fielmente resguardada tras un surco ligero, delicado y fino hecho a cuchillo de la trayectoria hasta la mejilla, misma que delicadamente fue sanada y maquillada para disimular los vasos capilares que debieron reventarse ante el dolor causado por las heridas en su cuerpo.
 La mujer desnuda era un jardín desconcertante de raíces y mariposas muertas tatuadas en la piel de la víctima, los cortes impecables dibujaron arabescas y redondeadas curvas sobre su piel, que sistemáticamente se cauterizaron con tal técnica y maestría que plantaron entre la piel, tendones y carne muerta distintos tonos entre violeta, rojo, azul, plata y blanco, sin disimular en su cara mas que la mueca de dolor y no el horror en sus ojos, de manera que la mujer, joven, blanca, inocente no fue mas que perfecta para la ilusión de enraizarla a la alfombra previamente dibujada con tiza pastel.

Los policías que nada sabían de arte, extrañaron la sangre que parecía haberse contenido como pintura sobre un lienzo, aunque las marcas leves, bellas y perfeccionistas no ocultaban el horror en sus caras de saber a la víctima viva y cociente durante el proceso, y aunque el arte era excelso, la escena no dejaba de ser macabra.

Lo demás fue procedimiento, tirar a patadas la puerta de el fondo, encontrar al asesino extasiado; sonriendo; en una tina llena de cremas, olores , desnudo, con velas y aceites aromáticos a su alrededor; sacarlo de el pelo, tirarlo boca abajo en el piso y esposarlo; fueron todo un solo acto, que no alcanzó para sacar al artista de su inspiración. Parecía que leerle sus derechos fuera no mas un formalismo, el subido en su nube no respondía, soñaba realizado por su obra.

Los forenses miraban y remiraban a la víctima, el pensó que contemplaban, en medio de todos los aromas revueltos en la habitación vio las pupilas de la mujer que hizo mas que suya sin alma, pero alardeo de su obra, camino sereno y sin resistencia, y de pronto un leve olor a semen llego hasta sus sentidos, su cara paso de la magia a lo terrible, se sacudió una lágrima mientras lo escoltaban fuera de el apartamento, sonrió poseído, el poeta, el escultor, el artista se trasformaba, el tipo volvía a ser monstruo, y sonreía.

 

Ilustración de Oscar Pérez

 
 

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