Marina, oceánicamente ausente

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Categoría: Narrativa
Publicado el Domingo, 29 Marzo 2009 Escrito por Marco Cañizales

Marina Santos no existe. Basta con abrir los ojos y ver que no está, cerrarlos y verla claramente,  tan inmóvil e inexistente, tan sustancialmente muerta, materia de sueños.

Marina Santos es solo eso, un sueño inmóvil. Si no la soñásemos no existiere, o tal vez es ella que sueña que la soñamos y nosotros no existimos, eso no se sabe ni importa mucho. Pero lo que está claro es que para ver a Marina debemos sumergirnos en la oscuridad y verla claramente ahí, de frente a nosotros.


Tan impunemente inexpresiva, el balance perfecto de la risa y el llanto, del barro soleado y la risa llorosa. Ahí está, se debe mirar de prisa antes de que abramos los ojos y desaparezca, o antes de que cambiemos de sueño.
Ella es un sueño detenido en pausa inexpresiva, tal vez como un bosque que se mira y no cambia. De vez en vez una hoja cae rompiendo el silencio luminoso, llega al suelo y desaparece dejando de nuevo al bosque inexpresivo. Son deslices de los sueños que se distraen. Por eso a veces nos parece que Marina sonríe. Pero no. A veces parece a punto de llorar pero cuando la miramos sigue inerte, distracciones del sueño que hacen que su rostro tome vida.
Son las mismas distracciones que la dejaron así, antes siempre era inteligente, brillante, feliz, ahora es oceánica y ausente.
Se nos fue Marina, se evapora en un resoplido, un acomodo en la cama mientras dormíamos, tal vez un ataque de tos. Se fue. Luego vuelve seguro.
Ya va rato y no vuelve. No, pero que tonto, no es que soñemos que no está, es que soñamos que allá viene y poco a poco su figura se acerca llenando el espacio, andaba recogiendo a Francisco de la escuela y viene con él. Cierto que Francisco no existe, y mucho menos que Marina. Por que la inexistencia es un desastre: no se sabe que es mayor, si ser más inexistente, o menos inexistente.
Lo cierto es que Francisco no existe, menos en el sueño de mañana que lo dejó muerto y a Marina atrapada en un segundo de tiempo, donde no hay rostros. Sí, mañana Marina no puede ir a buscar a Francisco porque tiene que ir a hacer un mandado.
Francisco se vino de la escuela y se vino caminando solo, para el bus no le alcanza. Llegó este tal fulano sin cara, solo manos y piernas, quizás ni abdomen y se puso a hablarle, en el sueño no se entiende bien lo que le dijo, pero terminó llevándose a Francisco de la mano, a nadie pareció extrañarle no haber visto nunca al tipo, si Francisco lo tomaba de la mano seguramente lo conocía.
Lo que sí es extraño es que cuando Francisco gritó en el sueño, nadie lo ayudo, y como si sus gritos mataran, la gente se encerró en sus casas por que el asunto no es conmigo. Total ya a 5 metros de mi jardín no es mi sueño y como yo ni me sueño pariendo ese güila no es asunto mío.

Eso sí en la noche todos se soñaron buscándolo y abrazando a los padres, bondadosamente reparadores de prendas rotas que se rompieron frente a sus ojos. Ahora si son tan buenos, ahora si son suyos los sueños y al que yo si parí lo encierro en casa y no le hable a nadie que no conozca, papito, vea lo que le paso a Francisco, si a mi me extrañó verlo con ese hombre tan raro.
Pero Marina no los ve a ellos soñándose a su lado, heroicamente consoladores. Sí le pareció soñarse con un noticiario y la foto de Frqncisco extinguiéndose en la pantalla entre un anuncio de dentífrico y otro de adelgazar. Se fue borrando Francisco, ¿por qué lo quitaron del sueño televisivo? Ya solo ahí lo podía ver pero se lo negaban para poner chocolates rellenos de fresa y lo ultimo en senos inflados.

¿Donde está Francisco? A mi me pareció soñármelo con un tipo medio raro por allá. Y no me lo fue a ayudar. No, fíjese que me desperté y me encerré en la casa. Claro que cuando el sueño se pone incomodo lo mejor es darse la vuelta.
Basta de Marina y soñemos con otra cosa, cerremos el periódico y démosle vuelta a la pagina, esa noticia es muy rara, mejor pasar la pagina y ver las fotos de la Señora Mundo o si no los deportes que esos sueños son mejores. Eso, abramos los ojos, abrámoslos, volvamos a la realidad, justo donde estábamos, donde Marina no existe porque con los ojos abiertos ya aprendimos a evadir la realidad despierta, si los cerramos cuesta mas porque queda la conciencia. Mejor abramos los ojos, bien despiertos, soñando sólo con la página deportiva matinal.

Ya. Marina no existe, está oceánicamente ausente, no la vemos más ni nos duele, claro que duele el 3-0 del Barca contra el Real, pero Marina ya no duele. Francisco si está, se lo sueña Marina todas las noches que llega, pero como la que lo sueña no existe, tampoco Francisco existe. Marina cierra los ojos y fuertemente piensa que no estamos, nos lo merecemos, ya no existimos más.

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