Ella y el fútbol

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Categoría: Narrativa
Publicado el Miércoles, 04 Noviembre 2009 Escrito por Marco Cañizales

Ya era el tercer pase y la afición decía "ole" de nuevo, los defensas se enredaban entre sí y se pasaban una pelota imaginaria, nuestros delanteros tenían el poder. El mundo se detuvo bajo el pie de Sánchez, el arquero comenzó a recitar una vieja plegaría, fue un momento condensado en un solo puntapié, la pelota entró y se tatuó en la red durante un instante. El arquero la miraba furioso y adolorido. El árbitro pitó, nuestro país llegaba por primera vez a semifinales en un mundial y una botella de cerveza cayó al piso, fue herida de muerte, yo contemplé su cadáver y luego vi que mis compañeros de mesa estaban todos en posiciones distintas a las originales, Carlos abrazaba la pantalla y Giovany prácticamente había abandonado el restaurante chino, declarado bar por el partido, algunos de la mesa de al lado cayeron de rodillas y otros se abrazaban. Yo estaba aún sentado y un impulso me hizo levantarme al tiempo que el narrador seguía gritando gol mientras yo aplaudía como tonto. Fue entonces que recordé que no me gusta el fútbol.
Que estaba ahí porque ella no estaba, no estaba en ninguna parte, al menos donde yo la quería, que me había dicho hasta luego, pero no habría luego, que ese día estaba probablemente con él y que yo no era él.
Ese día me embriagué, bebí dos cervezas más y escuche todos los análisis técnicos y ebrios que me atacaban y cometían faltas en mis oídos, mi cerebro procesaba todo en tiempos desiguales y nunca logré hacer una alineación de ideas. Yo los veía a todos felices y rebosantes y me preguntaba que hacía ahí, ni siquiera entendía que era una posición adelantada, recordé que estaba ahí porque ella no estaba en ninguna parte, o probablemente estaba en algún lado, pero con él, y yo no era él.
Encendí varios cigarros y noté que a mi lado estaba mi musa, la que escribe mis poemas, bebiendo cerveza, ya borracha. Coqueteaba con el humo de los cigarros y se fue a bailar entre las mesas, me miraba con desprecio y seducción, me pidió escribir juntos una compla borracha y la rechacé. No me perdonaba que la tuviese de lado por extrañar a la otra, la que no estaba. Una escrbía mis poemas, otra era la víctima de los poemas. Con dos cervezas más noté que la una no sirve sin la otra.
Me levanté y celebré la victoria una vez más, la musa que escribía mis poemas se quedó ahí sentada, siguió bebiendo y no se dio cuenta que yo había salido. Supongo que sigue ahí, ebria, desde entonces no escribo y trato de entender más los análisis del futbol.


 

Comentarios   

 
0 #1 Do 06-11-2009 12:35
Me gustó la descripción de un momento simple y frecuente y sin embargo, tan revelador.
Eso lo he vivido yo!

P.D El código anti spam es dificilísimo!;- )
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