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Volver a mí

Despertar e inhalar sangre seca en mi nariz, saborear el gusto a tierra, sentir el frío. Fue todo un solo acto.
Está gris, está helado, darme por muerto y dejarme tirado en el bosque, y ¿ahora?
Ella, la Tristeza

Repitiendo que te tengo, y no.
Comencé por convocar en la noche roja y noctámbula a los maestros literarios para definir en horas ciertas de clara incertidumbre, cómo escribir poemas de amor que permitan olvidarte. O mejor dicho, que cada autor pueda descargar a su musa en papel y luego guardarla en un cajón.
La reunión con carácter de urgencia comenzó con cantos de Neruda quien insistía que la mejor forma de lograrlo era recitar Farewell mil y una vez, pero comenzó a recitarlo y sus ojos se llenaron de sombras ausentes y húmedos manantiales.
A paso de hormiga
Allomero entró al hospital psiquiátrico no hace mucho. Fue muy bien acogido por todos, médicos y pacientes. Tenía el privilegio de caminar por todas las salas pues se le consideraba inofensivo, hasta el más fiero de los locos sabía sonreírle sus manías. Allomero se creía hormiga.
Hormigas sedientas
Varias hormigas se agruparon alrededor del vaso. Se asombraron instantáneamente de que parecía ser más alto de lo que recordaban, ya se estaba convirtiendo en florero.
Las más osadas se atrevieron a golpear el vidrio para ver si se les atendía, sentían mucha sed y la imagen del vaso les apedreo en la garganta dejando una sensación de insatisfacción, de hambrienta hartadura.

