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Arte corporal
El secuestro
Compañeros, amigos, les ruego mantengan la calma ante lo que les debo decir. Fito, cerrá la puerta, es peligroso que nos oigan.Les ruego compañeros que se mantengan tranquilos, es un momento muy difícil, quisiera no estar viviendo esto y menos ser yo quien se los diga.
Hoy a eso del medio día la literatura fue secuestrada. Manténganse calmados por favor. Pablo, sentáte. Déjenme explicarles.
Marina, oceánicamente ausente
Marina Santos no existe. Basta con abrir los ojos y ver que no está, cerrarlos y verla claramente, tan inmóvil e inexistente, tan sustancialmente muerta, materia de sueños.
Marina Santos es solo eso, un sueño inmóvil. Si no la soñásemos no existiere, o tal vez es ella que sueña que la soñamos y nosotros no existimos, eso no se sabe ni importa mucho. Pero lo que está claro es que para ver a Marina debemos sumergirnos en la oscuridad y verla claramente ahí, de frente a nosotros.
La hoja de noche
La noche se iba congregando en una hoja de amapola, se iba cosechando poco a poco. Era un rocío negro que se aglomeraba en el centro de la hoja conforme pasaba el día. Pequeñas gotitas, cúmulos negros, hechos y sucesiones del tiempo que se sitaban en los bordes de la hoja y perezosamente, seguro con sueño, se iban deslizando a la asamblea nocturna de la gota de noche.
Las tormentas en esta época del año

Todos estaban a la orilla de la acera esperando ver pasar la vuelta ciclística, Raquel se abrió camino entre el tumulto y logró entrar en la comandancia. El alcalde se puso de pie y le señaló con la mirada la celda del fondo, ella sacó un pañuelito para limpiarse las lágrimas mientras el alcalde abría la celda. Ahí está.Raquel guardó el pañuelo.

