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La telaraña del amor
Cura viejoAl traspasar la gruesa puerta de madera del nightclub, sintió que unas enormes fauces, de profunda oscuridad opaca y largas como un esófago vacío, se la tragaban.
Tuvo miedo. Quiso detenerse y resistir. Intentó apoyarse en uno de los guardianes del local, pero éste no sólo le negó el brazo, sino que la empujó hasta la mitad de la calle. Ya no brillaban las luces de fantasía que venden ilusiones. Un callejón protegido por altos y viejos edificios trazaba la única vía de salida. En la franja de cielo que se abría por arriba no se percibía ningún reflejo de claridad, no se veía ninguna estrella. Más bien, negros nubarrones anunciaban la lluvia que caería con el inminente despertar del alba.
Eco
Que el murmullo del viento me detengapara reconocer el llanto de los pobres,
que la sombra de aquel viejo árbol me cobije
para volverme loco
Que pase tu mano sobre mis sienes
y que terminen los atardeceres inhumanos, incansables
que me recoja como un niño
seca mis lágrimas, anda
Desacato alevoso
Cual gato callejero nocturnote escurres entre las piernas del deseo
ronroneas de esas tentaciones
que solo arrebatan malos pensamientos
y se transforman en antojos terrenales.
La Saeta
Dijo una voz popular:¿Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Rompió las reglas establecidas... Ella fue.
Ella no tenía mucha oportunidad. Cuando Julio le pidió que se acostaran, ella se vio obligada a aceptar. Más tarde, fue Rubén el que la acosó y ella nada pudo hacer para evitarlo. La mujer, ardiente en apariencia, sucumbía ante la insistencia de los hombres. Veinte fueron los que se movieron en torno suyo en pos de sus frutos generosos.

