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Walking Around

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.
Santalucías
Él estaba recostado en su cama dejándose marchitar, hacía poco le habían inyectado la morfina y empezó a notar el efecto secundario de ésta en el mundo. Primero la gente alrededor dejó de hablar, poco a poco, las voces se iban despintando hacia un oscuro profundo. Los movimientos a su entorno eran perezosos, pesados como sueños inconclusos. La luz se paralizó de una forma extraña sin ese ir y venir acostumbrado en la vida, como si se hubiese dado cuenta de que solo las pupilas de él la miraban, como si la luz de repente tuviese que preocuparse solo por él. La luz estaba absorta en el único ser que seguía existiendo, lo miraba sin parpadear, temiendo verlo oscurecer y que así llegara la noche.
Cuchicheos al amanecer
Desperté un poquito más aletargada que otras mañanas. ¡Qué alivio! Las cucarachas que soñé por la noche no estaban ahí. Me puse de pie y sentí un ligero mareo. Caminé a duras penas hacia el baño y desde la puerta vi algo que me despertó por completo: más de veinte cucarachas bajo la regadera, como haciendo un semicírculo, hablando de quién sabe qué. Cuento de Noche Buena
El hermano Longinos de Santa María era la perla del convento. Perla es decir poco, para el caso; era un estuche, una riqueza, un algo incomparable e inencontrable: lo mismo ayudaba al docto fray Benito en sus copias, distinguiéndose en ornar de mayúsculas los manuscritos, como en la cocina hacía exhalar suaves olores a la fritanga permitida después del tiempo de ayuno; así servía de sacristán, como cultivaba las legumbres del huerto; y en maitines o vísperas, su hermosa voz de sochantre resonaba armoniosamente bajo la techumbre de la capilla. Mas su mayor mérito consistía en su maravilloso don musical; en sus manos, en sus ilustres manos de organista. Ninguno entre toda la comunidad conocía como él aquel sonoro instrumento del cual hacía brotar las notas como bandadas de aves melodiosas; ninguno como él acompañaba, como poseído por un celestial espíritu, las prosas y los himnos, y las voces sagradas del canto llano. Salmo de las maderas

Hay maderas oscuras y profundas
como tus ojos y tus cabellos.
Porque tus ojos y tus cabellos son
como maderas profundas y charoladas.

