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Ara Ambigua,
A la Sala IV, por su egocentrismo
y su estupidez de sobreponer sus leyes,
ante las leyes del bosque.
Cae un árbol taciturno,
cae con el valor y el silencio
de un sentenciado.
y bajo su corteza, lleva mi piel.
Cae un árbol bajo pena de muerte,
sin conciliar su ultimo deseo
rescatar de sus ramas al menos un nido.
Y mañana con mi silencio
explicaré a mis hijos,
que ante la sentencia de tala,
también callé.
Ara Ambigua, perdónanos.
Ara Ambigua, escúchanos.
Ara Ambigua, ruega por nosotros.
Tu nombre evoca lápidas,
te llenamos de leyes epitáficas,
de abogados y no de dantas.
Ya cavan sobre el vientre adolorido
del bosque una tumba.
Más no es tu tumba, Ara Ambigua,
No es tu tumba Almendro,
es la nuestra, Ara Ambigua.
Perdónanos,
pero no olvides, Ara Ambigua,
bautizanos de cuitas y maldiciones,
llena nuestras bocas de sed y talas.
Y vendrán del futuro seres alados,
arqueólogos que certifiquen nuestra generación,
nos llamaran Homo Epitaficos,
Estúpidas aberraciones del pasado.
Y forjarán sobre nuestras tumbas cruces de oro,
Para no olvidar nuestra estupidez,
y sobre nuestras lápidas escupirán
y anidarán en nuestros autos.
Empollarán sus crías en nuestras cocinas,
y en nuestras camas harán orgías,
nos encerrarán en jaulas,
y nos cerrarán el pico.
Ya han oído mucho de nuestras bocas,
han oído demasiado.
Perdónanos, Ara Ambigua,
pero no olvides,
ser alado.

