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Extracto de Ecos de la piel

1
¿Por qué no decirte
que afloras en los labios,
que eres amapola fresca
y dulce geranio?
Llevo en la piel ceniza
y el aroma de eucalipto
que yace en tu pecho.
Hueles
a mañana fría,
a recuerdo.
Floreces en los labios.
Aún no sé por qué,
a pesar del tiempo
sigues ahí,
explorando mi piel
con las yemas de los dedos.
¿Por qué no decirte
que afloras en los labios?
4
Hoy yacen en mi piel blanca,
semillas de ajonjolí
que limpiaron asperezas
y recuerdos malos
por doquier.
Aún hoy
queda el rastro de tu lengua,
cielo rasgado,
que dibujó sensaciones
entre las dos ramas
de mi naranjo.
Huele a coco,
a ciruelas frescas,
a jardín sobre tus labios.
¿Será porque no te has ido?
7
Yo quiero que me ame con el cuerpo,
fuego tibio
y me desnude.
¿Qué sentiré cuando llegue
a mi mundo pequeño?
¿Será tan bello
para merecer desvelos?
.....
¡Ay mi niña,
crees que el mundo está
aentre tus piernas de jengibre fresco!
14
Nací al ver tus ojos de ajonjolí maduro,
tu sonrisa pueril,
tu palabra.
Descubrí el placer
recorriéndote el cuerpo con mi lengua,
curiosa niña de cachetes coloreados,
y saboreando tu piel recién lavada.
Viví el día que me robaste un beso,
atrevido, necesario.
Descubrí la paz
cuando acariciaste mi espalda
con tus manos tibias
y la dicha
una tarde lluviosa
cuando probaste en agosto
mis dos pequeñas peras.
Soñé con tus palabras,
te deseé desde mi cama,
me embriagaste la piel
con tus dedos.
Te amé cuando estabas lejos,
con miedo, inquieto.
Hoy te doy las gracias
por las madrugadas de desvelo,
por el cariño que arde
en tus noches cálidas.
Mañana me recordarás
en la poesía,
y yo te llevaré en mi piel blanca,
endulzada
entre sábanas blancas.
17
Sobre las dos montañas de mi pecho
quiero sentir tus labios reposar
y que palpe mi lengua
almíbar regado.
Recórreme la piel
con las yemas tibias
y que el fuego se encienda en la hoguera
donde nace el deseo.
Inunda mi alma
y deja tu poesía
sobre mi cereza de luto,
tan violada.
Pero antes de irte,
hermoso corcel gris,
no olvides dejarme
los recuerdos de una travesura
que a penas hoy inicia.
22
Esa señora que ahí va
regañando sus piernas,
con el delantal amarrado
y un rosario en la mano,
tiene felicidad de niebla.
Se levanta tempranito
a moler tortillas
con su manos ya viejas.
Ordeña la vaca,
limpia su rancho,
lava la ropa,
amasa esperanzas
y sufre retoños.
Es mujer.
No es esclava.
Es mujer
y sabe endulzar el alma
con la hiel,
ama sin condición
y se entrega a los quehaceres.
Es mujer:
merece otra mirada
hoy,
no mañana,
cuando el rancho
se esté quieto
y su cocina en cenizas
como tuvo el alma.
27
Desde hoy me prometo
disfrutar las delicias,
caminar por los buenos caminos,
los del gozo,
no rehuirle al beso
de labios de algodón
ni al arrumaco sincero.
Prometo
encerrarme en mi casa
y tocar sus paredes de carbón
hasta que se deshagan
entre mis manos
y gima.
Doy mi palabra,
de que a partir de hoy
seré llama
en la desolación,
y que mi cuerpo será
para que habites en él,
y no permitas jamás
que esta casa se descuide,
jamás.
33
Anoche me visitó un ángel de plata
y acarició mis piernas
y despertó las ganas.
Lo miré a los ojos,
me enamoré de su verdor,
sentí la ansiedad
salir de sus poros
Le mostré mi pequeña casa,
sus habitaciones escondidas,
los pasillos públicos,
la cocina.
Cenamos manjares
con miel y fruta,
acompañados de vino tinto.
Se marchó.
Solo su aroma de menta,
el calor de sus alas,
un recuerdo,
eso, es lo único que queda.
Autor: Haydee
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