Desnudo de ella

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Categoría: Narrativa
Publicado el Miércoles, 02 Diciembre 2009 Escrito por Marco Cañizales

Desnudo de ellaEl pecho de él estaba desnudo del pecho de ella, llevaba así ya demasiadas noches. La ausencia de esa prenda había provocado una tos necia que no le dejaba dormir bien por las noches. Luego, vino la costumbre de dormir boca abajo para engañarse y pensar que ese contacto era el pecho de ella ronzándose con él. Aún quedaba pendiente solucionar la ausencia de las piernas enredadas.

Se despertaba con algo de tos; y lamía la poca luz que entraba por la ventana hasta llenarse de lucidez suficiente como para aceptar que vivía, que ella no estaba a su lado en el lecho, que no volvería.


Salía y hacía los ejercicios rutinarios, se encontraba con Miguel, como siempre, y le contaba de nuevo acerca de la belleza de ella, Es que si vos la vieras, una mujer así, cualquiera se enamora.

Luego del sencillo desayuno se iba a dar una vuelta para beber un poco más de luz. Al medio día se sentaba con sus amigos y les contaba cuánto la extrañaba, ya se había vuelto costumbre el relato meridiano de cómo era ella, de su forma de ser, de sus piernas, del cabello de ella, de la boca de ella y sus dientes con su risa, cada diente parecía tener su propia risa. El relato seguía hasta que se sentía demasiado melancólico como para proseguir o hasta que notaba en los ojos de alguno de sus amigos demasiada excitación por los detalles que él les daba respecto al cuerpo de ella y su manera de amar.



Ya al final de la jornada solía sentarse a trenzar el atardecer, pensando que las hebras de luz eran del cabello de ella, que ella se sentía lista como el sol para anochecer, para ocultarse tras las lomas y empezar a gemir como gata en el tejado.


Pero no llegaría, y aunque había una gata en el tejado mirándolo, no era ella. Fueron muchas noches así, le costó tanto acostumbrarse a su ausencia. Lo que más le dolía era no poder visitar la tumba de ella, besarla y llenarla de flores, derramar lágrimas sobre la placa de mármol, suponiendo claro, que fuese de mármol.

Tendría que aceptar de nuevo, mirando hacia el cielorraso, q
ue él había hecho sangrar el pecho de ella, que por eso estaba en esa celda, desnudo de ella.


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