| Santalucías |
|
|
|
| Escrito por Marco Cañizales |
| Lunes, 01 de Febrero de 2010 08:59 |
|
Él dejaba que la luz lo mirase y le recorriera el cuerpo. Sabía que lo habían inyectado con morfina, y desde entonces el mundo murió pero a él no le importaba, se preocupaba solo por el punto inmutable de alguna mancha en el cielorraso. El punto lo inquietaba, seguía ahí, inmóvil, observándolo, el punto sentía envidia de su existir: Miró al punto fijamente, trató de gritarle y notó que su voz tampoco existía, que manaba como un canto lento y primitivo. Había llegado al hospital porque, y no había marcha atrás, ya no podía existir, ya no tenía razón para ello. Se había amputado el alma en un intento suicida de lucidez y cordura, tal vez sin alma le fuese más fácil volver a existir. Lo había perdido todo, hasta la musa más enana, la de los pies fríos. Perdió también poemas y filigranas, la navaja con la que solía desnudar naranjas, el mapa que le guiaba a la locura, el agujero donde solía tropezarse cuando corría demasiado deprisa. Un internista apuntó la causa de los males en la hoja de registro con extrema vehemencia, de forma inusual para un aspirante a médico: "Este hombre lo perdió todo" Era enero, intentó suicidarse amputándose el alma. La morfina aún hacía efecto sobre el mundo, pero ella apareció con su cesta llena de santalucías, tomó las flores en sus manos y se las dio a oler a él. Se llenó de esperanzas. Ella hirvió unas cuantas flores en su boca, les extrajo el néctar y le inyecto el purpura en los labios. Tomó varios ramos que pasó de arriba hacia abajo en su cuerpo, el hospital por suerte seguía sedado para que no notase las curas de la hechicera con flores de santalucías. Derramó varias flores por encima de él hasta dejarlo completamente empapado en el éxtasis de florecer al sol en medio de la hierba. Una última santalucía brotó de la boca de ella, la tomó con sus manos y le hizo cosquillas en la nariz. Él no pudo evitar sonreír, se levantó de la cama. Algo había salido mal, su alma no había sido amputada, lo supo cuando abrazó a la hechicera y se llenó de ella, ella, tan llena de santalucías. Se levantaron y se fueron mientras el cuerpo de él, el hospital y el mundo, seguían sedados.
Comentarios (4)
Joomla components by Compojoom
|
Potenciado por Joomla!. Designed by: cpanel reseller hosting free domain name Valid XHTML and CSS.




Él estaba recostado en su cama dejándose marchitar, hacía poco le habían inyectado la morfina y empezó a notar el efecto secundario de ésta en el mundo. Primero la gente alrededor dejó de hablar, poco a poco, las voces se iban despintando hacia un oscuro profundo. Los movimientos a su entorno eran perezosos, pesados como sueños inconclusos. La luz se paralizó de una forma extraña sin ese ir y venir acostumbrado en la vida, como si se hubiese dado cuenta de que solo las pupilas de él la miraban, como si la luz de repente tuviese que preocuparse solo por él. La luz estaba absorta en el único ser que seguía existiendo, lo miraba sin parpadear, temiendo verlo oscurecer y que así llegara la noche.









