Literatura

 

Varias veces en el mismo instante

 “… ma due occhi che ti guardano, cosi vicini e veri
ti fan scordare le parole, confondono i pensieri”

Lucio Dalla

Sacó de nuevo la ficha y leyó el número, A58, no había cambiado desde la última vez que lo había leído. Ensayó una nueva forma de doblar el papel y lo guardó en su bolsa. Segundos más tarde palparía la bolsa para comprobar que seguía ahí y memorizó de nuevo el bolsillo utilizado, el izquierdo de la camisa, con la esperanza de no olvidar donde estaba cuando lo llamaran. Nunca funcionaba, la ficha siempre aparecía después de requisar todas las bolsas ante la mirada cansada del ejecutivo.

Sacó de nuevo el papel de la ficha y lo interrogó, el papel confesó cansino, A58. Miró la pizarra electrónica, aún faltaba mucho para su turno, la pizarra parpadeó y gritó, A24, pasar a posición 8.Sacó el papel de nuevo, más para distraerse que para verificar el número. A58. La pizarra aún seguía mostrándose desinteresada y burocrática en el A24.

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Aquella angustia somnoliente

!Ya es suficiente con los grillos! No soporto más ese afán de escándalo que trae usted, mujer necia. Me aturden sus ruidos sin voz. Se lo digo y espero no lo tome a mal, pero de verdad que esa oscuridad bajo su falda no me preocupa más que el estúpido abejón que insiste en estrellarse contra la ventana de mi cuarto.

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¿Y si nos damos un tiempo?

 

 

-¿Y si nos damos un tiempo?-
La pregunta quedó flotando en el aire junto al perfume de ella, el mismo que hacía algún tiempo atrás le había regalado.
Los ojos de ella parecían no entender la pregunta recién lanzada como una granada de mano e intentó articular una frase, pero se la tuvo que tragar con el resto de la saliva que le hacía el nudo en la garganta.

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Mujer germinada

tiaDesde tu muerte hay un frío permanente en mi piel. Despierto con ese frío y aunque al principio fue incómodo dormir así, he aprendido a arroparme con él.

Dejaste ausencia regada en todas partes como un reguero de desórdenes de tus batones y tus muchos anillos, de tus tantos pañuelos y estampitas de santos en las paredes. En todas partes me encuentro con tu ausencia y me invade el frío de tu tumba que te abraza. La tumba que me remplaza. Yo no te puedo abrazar ahora.

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Un último encargo

Un último encargoEl cigarrillo rubio se consume en el cenicero. La mirada también, perdida en el escenario donde el pianista toca una canción perdida. Su dueño jamás la encontraría allí. La luz no merece ese nombre y el humo podría ser teñido para hacer cortinas. De castillo. De telón. Está seguro que alguien está llorando en algún rincón. Es un buen sitio para esconderse. Quizás por eso le gusta tanto. La persona más cercana está a menos de dos metros de distancia y a mil pensamientos de sus brazos.

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