Literatura

 

Aquella angustia somnoliente

!Ya es suficiente con los grillos! No soporto más ese afán de escándalo que trae usted, mujer necia. Me aturden sus ruidos sin voz. Se lo digo y espero no lo tome a mal, pero de verdad que esa oscuridad bajo su falda no me preocupa más que el estúpido abejón que insiste en estrellarse contra la ventana de mi cuarto.

Me da asco esa ansiedad de pensamientos que esconde bajo la fingida necesidad de causarme una erección. A veces es involuntario y debo decir que ni sus milenarias posibilidades de estimular la imaginación podrían hacerme caer en la humillante necesidad de verla con otros ojos. No bromeo cuando digo que la detesto, señorita, ausencia de dios, trabajadora de medio tiempo, que miserable debe ser la existencia atada a los giros de un planeta.

¿Por qué insiste en molestarme cuando intento escribir? Me gustaría tanto dejarla sola, pero es inútil, de todos modos sin mi presencia de por medio no estaría menos acompañada. Al verla recuerdo que la desdicha siempre es arrastrada con mayor oportunidad por unos que por otros. En comparación con la suya, mi soledad no es más que una broma. Pero bueno, en su caso es una soledad que exige ser acompañada, no queda de otra. Pensándolo bien no se me había ocurrido, venga, deje que la acaricie, disculpe mi imprudencia, tiene usted un aire tan reconfortante, es como si sus manos me acurrucaran en la ausencia, en una cama de besos tardíos. Creo que he sido un poco cruel al juzgarla, al fin y al cabo no es usted más que una autómata aunque no le puedo ocultar que su silencio me abruma.

Pero bueno, dejémonos de monólogos ególatras, venga para bajarle esas prendas, permita que le quite ese vestidito de luces y lentejuelas que nunca pasó de moda. Tranquila no se ruborice, le prometo sensibilidad y paciencia, ya le conozco ese afán de extender la duración de las horas, como no lo va a saber un tipo como yo, unas veces zombie, otras veces sonámbulo. Como desearía transformar esa angustia de nostalgias pasadas por frío en un orgasmo prolongado, en una sucesión interminable de goces sin requisitos de tiempo. De todas formas me imagino el aburrimiento que ofrece ser toda la vida una espectadora, quizá hasta una afrodisíaca, pero frívola presencia incapaz de amar. Y de odiar.

Yo le prometo... Espere, espere, déjeme escuchar otra vez el abejón llamando a mi ventana, definitivamente la estupidez se disfraza en insistencia algunas veces. ¡Apártese de mi maldita sea! Como voy a caer en una tentación tan obscena, puta seductora, lárguese ya... sé que no puedo despedirla así porque así, pero como desearía desgarrarle esa piel que me oculta las cosas. Espere mejor, no se vaya aún, escuche los grillos, sabe que a veces me quedo gélido al sentirlos tan cerca. Se lo pido, sé que soy un poco prejuicioso pero no me deje solo, sé que debe estar molesta pero hoy no tuve un buen día y usted no ha sido mucho alivio que digamos. Escuche esos grillos... son enormes, en cualquier momento brincarán sobre el techo de mi cuarto y me aplastarán, oiga ese canto rotundo... ¿lo percibe? Me está punzando el cerebro, ¡malditos grillos! Estoy harto de su música inquisidora. Y ese que sigue golpeando mi ventana parece que renueva sus ímpetus con mayor alevosía. Que insistente, si continúa no tardará en romper el vidrio y ahí sí que estaré en problemas con un monstruo volador sin inteligencia ni brújula acechando el pequeño espacio de mi habitación.

¡Mierda! Desearía encontrar la forma de asesinarla, es inconcebible que con una historia por escribir ande yo pensando en grillos y abejones, con un personaje sin crear, aguardando nacer en letras fecundas y yo conversando con usted... ¡qué diálogo tan improductivo! Ni siquiera puedo recordar ya para que me puse a escribir.

Grillos, grillos enormes, los escucho, la ventana llamando a mi conciencia... grillos de nuevo, son enormes, mejor dejo el cuaderno, no escribiré nada, me siento agotado ya. Pero los grillos siguen, la ventana, mis ojos, lárguese maldita, sí lo que escuchó, looo queescucho... al fin del ocaso laa palaaaabraaa ess un mmártirr en busca del fraaaacasooo... y yo... yo quiero dormir ¡acaso no puedo descansar en paz!


Autor: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.
Fotografía: Beatriz Ramello